Un café con: Manuel Molina
Manuel Molina, Director de Hosteltur
Entrevista a Manuel Molina, por Teresa Zamora.
13 de mayo de 2026
Antes de hablar de Hosteltur, nos gustaría conocerte a ti. ¿Quién es Manuel Molina?
A mis 55 años y con perspectiva ya, me considero una persona muy afortunada. He tenido mucha suerte a lo largo de mi vida, y creo que incluso las malas experiencias me han dejado más cosas buenas que malas.
He tenido la suerte de estar rodeado de gente buena. Mi familia, mi mujer, mis hijos y mis amigos… es de lo que más orgulloso estoy, y no solo lo digo aquí, sino que se lo digo a ellos, a mis hijos sobre todo, muchas veces. Y luego está mi socio Carlos, que para mucha gente puede sorprender, pero llevamos juntos desde los 13 años, desde el instituto. Es una persona tremendamente generosa y también el que más y mejor me conoce. Siendo socios al 50%, siempre he tenido yo el papel más vistoso, más visible, y eso es algo que siempre le reconozco… porque la verdad es que el mayor mérito de estar donde estamos es suyo.
Todo eso, quizás como agradecimiento, me ha llevado a intentar hacer las cosas bien, que creo que es lo que más me ha funcionado en la vida. Si lo intentas, siempre te vuelve. Y cuando no vuelve, te queda la tranquilidad de haberlo hecho con buena intención.
¿Qué herencia te dejó tu padre, fundador de Hosteltur?
Ni mi padre ni yo somos periodistas de formación, así que no nos transmitió valores periodísticos de formación. Lo que nos dejó fue una forma de entender las cosas que cada vez entiendo mejor.
Destacaría dos cosas. La primera, su enorme capacidad de trabajo: nadie en nuestra empresa ha podido igualarla. La segunda, una valentía que venía del desconocimiento. Mi padre creía firmemente que podía conseguir lo que se propusiera. Yo soy más prudente, pero esa huella y esa valentía que él dejó en nosotros, es la razón por la que seguimos siendo una empresa, fundamentalmente, de personas.
Hosteltur nació en los años 90 como una revista en papel. ¿Cuál fue el mayor reto de toda esa transformación sin perder el espíritu original?
Nuestro nacimiento fue fruto del desconocimiento, así que no puedo decir que esa ingenuidad siga siendo lo que nos guía, todo lo contrario.
De hecho, desde el principio, nuestro crecimiento ha sido siempre muy medido, atendiendo fundamentalmente a dos premisas.
La primera es la responsabilidad: como medio de comunicación somos conscientes del impacto que puede tener una noticia. La segunda es equivocarnos en pequeño. Hemos intentado muchas cosas, algunas han funcionado y otras no, pero las que no funcionaban no podían arrastrarnos, porque no tenemos la capacidad de sobrevivir a una gran equivocación.
¿Cuál fue el momento más duro?
Hasta 2020, nuestros momentos más complicados siempre habían sido los primeros años: dificultades financieras, de posicionamiento, de contactos.
Pero llegó la pandemia y todo se fundió a negro. Perdimos prácticamente todos los ingresos en el momento en el que más plantilla teníamos. Tomamos una decisión: morir con las botas puestas. Nos volcamos con el sector absolutamente, porque lo que más hacía falta en ese momento era información. No redujimos plantilla en ningún momento y mantuvimos todos los compromisos con nuestros anunciantes, incluso cuando el 99% de ellos tuvo que dejar de invertir, cosa que entendíamos perfectamente.
Eso, de nuevo, nos fortaleció y, al igual que el sector turístico salió reforzado de la pandemia, Hosteltur también salió reforzado.
¿Cuáles son los grandes riesgos del sector turístico hoy?
Continuando con la reflexión anterior, ha quedado demostrado que todo lo que ha podido dañar al turismo desde fuera, lo ha acabado consolidando más. Cada vez que ha habido una crisis, el turismo ha salido fortalecido, porque lo que esas crisis han puesto en valor son las ganas que tiene la gente de vivir, y no hay mejor forma de vivir que viajando.
Por eso creo que el principal riesgo viene de dentro. Como industria, tenemos deberes que van mucho más allá de hacer negocio: cuidar la reputación del sector, cuidar a las personas, los territorios, el entorno. Todo eso está en nuestra mano y, poco a poco está ocurriendo, pero no a la velocidad ni con la intensidad que exige una industria como el turismo. Cuanto más crece, más importante es resolver esos retos internos.
¿Y los riesgos específicos para los medios especializados como Hosteltur?
El problema de fondo es que no hay una independencia real de los medios de comunicación. Informarse hoy requiere un trabajo enorme: para tener una opinión más o menos formada sobre algo tienes que leer cuatro periódicos. Eso no debería ser así.
Nosotros nos intentamos proteger diversificando al máximo nuestros ingresos y, sobre todo, con responsabilidad y complicidad con el sector. Cuando publicamos algo que no le viene bien a una empresa, queremos que sepan que no lo hacemos para dañar la marca. Que es una cuestión de coherencia, de credibilidad. Si nos vendiéramos a un gran grupo que marcara nuestra línea editorial, estaríamos muertos.
Eres conocido por tu respeto y cariño hacia los animales y la naturaleza. ¿Qué te han enseñado?
Los animales y las plantas me han enseñado a tener paciencia. Pero tener paciencia no significa tener tiempo, y ahí está el problema: el planeta, los recursos, los animales no tienen tiempo.
Soy optimista por naturaleza, pero en esta cuestión el balance me sale negativo. Estamos extinguiendo especies que no volveremos a ver nunca. La historia del lince en España es impresionante y demuestra que se pueden hacer cosas, pero mientras salvamos al lince, en ese mismo tiempo hemos extinguido muchas otras especies, algunas que ni siquiera hemos llegado a conocer.
Para cerrar: ¿qué le pedirías al mundo, tu propio “imposible”?
Que hubiera más generosidad. Creo que todos, con la edad, tendemos a cerrarnos un poco, y deberíamos ponernos como propósito ser más generosos con los demás. Es un gesto noble que, además, te suele volver.
Se puede aplicar a todo: a tus hijos, a tu pareja, con tus amigos, en el trabajo. Más generosidad en todos nuestros entornos.